domingo, 22 de agosto de 2010

La Universidad pública del siglo XXI

La U frente a la sociedad actual

Nuestra Universidad fue creada para cumplir un rol específico en un determinado proyecto de país. Así, hoy, en un país diametralmente distinto al que había 40 años atrás, parece razonable preguntarse, ¿sigue teniendo sentido que exista una Universidad Pública?

Acceso y Conocimiento Libre

Que la Universidad tenga como función el formar profesionales y producir conocimiento al servicio de las necesidades sociales significa que los rumbos de la Facultad nunca pueden ser capturados por intereses privados. Y esto requiere derribar el paradigma que rige hoy nuestro sistema de educación superior que la concibe como un mecanismo de retorno privado y que por lo tanto justifica su financiamiento individual; y el que extiende esta lógica a la producción del conocimiento, que defiende que ésta se oriente según las necesidades de quienes lo financien como modelo de inserción de Chile en el desarrollo.

La situación actual es la siguiente. Por un lado, a la U ingresa quien tiene los recursos suficientes para prepararse para rendir una buena PSU pero no necesariamente los mejores alumnos de cada generación que egresa de la Media; es decir el sistema de acceso de la Universidad refleja cual espejo la enorme desigualdad del sistema educacional chileno. Por otro lado, las lógicas de mercado dominan el proceso de producción del conocimiento gestado en las aulas de la Chile, lo que hace que esta compita frente a universidades por fondos que asigna el Estado para investigación, vender servicios a los diferentes postores y agentes del mercado. Así las cosas, la U se ve en un pie de desigualdad frente a otras universidades que tienen más recursos y se aleja al propósito que le asignó Bello al fundarla: ser una universidad cuyo norte sea Chile y las necesidades de su pueblo.

Es por todo lo anterior que urge una reforma al sistema de ingreso que no discrimine según origen socioeconómico y que integre un sistema de ranking basado primordialmente en la posición relativa de los estudiantes en su colegio, ya que este sistema permite seleccionar a los mejores alumnos en su medio y no sólo a quienes recibieron educación privilegiada.

Por otro lado, producir conocimiento para Chile y las necesidades de su pueblo exige abandonar el modelo privativo que domina el proceso de producción universitaria y liberar todas las investigaciones que se generan en la Universidad, publicando bajo licencias libres, y de las cátedras dictadas en sus aulas.

Defender la Universidad Pública no es defender con nostalgia un supuesto pasado mejor. Defender la Universidad Pública significa asumir que el presente es nuestra tarea y el futuro nuestro horizonte. Ya no es suficiente el pataleo melancólico frente al abandono del Estado ni defender la Chile porque de ella salieron muchos presidentes. Asumamos que ésta es hoy una universidad elitizada y que depende de nosotros y nuestras acciones hacerla verdaderamente pública.

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