Vivimos tiempos de desesperanza, carentes de ilusiones colectivas: las grandes promesas parecen perderse irrevocablemente en el baúl de los recuerdos. Así, en el reino de lo superfluo y del exacerbado individualismo, a veces pareciera más seductor dar un paso al lado y renunciar a la lucha por hacer de Chile un país más justo, más inclusivo y con ciudadanos más felices. Nos quieren convencer de que sólo resta confiar en el esfuerzo individual, en el aspiracionismo material como motor de desarrollo y en la culpa como último reducto posible de solidaridad.
Pero no estamos dispuestos a comprarnos ese cuento, no renunciaremos a la convicción de que es posible, y lo correcto, construir un país en que todos podamos vivir vidas plenamente humanas.
Como Estudiantes Autónomos hacemos política porque estamos convencidos de que la acción colectiva sí tiene sentido. Que cuando nos organizamos para resolver nuestros problemas sí podemos solucionarlos. Que cuando nos tomamos la política con seriedad, honestidad, creatividad e irreverencia la posibilidad de los grandes cambios es real.
Hablar de justicia, de felicidad y de cambiar Chile pudiera sonar demasiado pretencioso para unos simples estudiantes de Derecho. Algunos podrían decir que esos discursos le quedan grandes a la realidad de nuestras organizaciones estudiantiles. Pero nos vamos a arriesgar a responderles con un NO rotundo.
Porque para nosotros, parte importante del ser de izquierda tiene que ver con una convicción profunda de que los grandes cambios que queremos para el país tienen que necesariamente partir por casa. Y en nuestro caso esto resulta particularmente decisivo, porque lo que es posible disputar desde nuestra Universidad es el sistema de educación superior y, con ello, el modelo de desarrollo del país. Porque en un mundo en el que el conocimiento es riqueza, lo que se juega en la redefinición de la Universidad Pública es la posibilidad de crear conocimiento al servicio de las grandes mayorías.
La movilización del año pasado en nuestra Facultad demostró que cuando nos organizamos colectivamente y decidimos participar en serio en la toma de decisiones, somos capaces de resolver nuestros problemas y podemos disputar incluso el sentido más profundo de nuestra Universidad. En la Facultad reinaba una suerte de condición de normalidad que escondía profundas falencias y en que la pregunta por el sentido de la actividad universitaria estaba absolutamente ausente. Como estudiantes, fuimos capaces de identificar en los problemas de nuestra realidad cotidiana el conflicto de una facultad que funciona sin detenerse a pensar cuál es su horizonte y su compromiso con el país.A pesar de que el resultado no haya sido lo que esperábamos, la organización estudiantil no fue en vano. Hoy tenemos la posibilidad de pensar el sentido de nuestra Escuela y del sistema de Educación Superior en dos importantes instancias que comienzan a funcionar:
La Comisión PDI está encargada de elaborar la hoja de ruta que guíe el quehacer de nuestra Facultad. El Proyecto de Desarrollo Institucional puede terminar siendo una bonita declaración de principios destinada a quedarse en el papel; pero puede también ser el documento que refleje el acuerdo político de una comunidad que se piensa a sí misma, que se fija objetivos y metas verificables en plazos determinados. Si queremos que gane la segunda opción, debemos procurar que el debate no se encierre en la comisión, sino que toda la comunidad se involucre en él.
Reforma al sistema de acceso: la Universidad de Chile no puede seguir reproduciendo las desigualdades que se arrastran en nuestro país desde la cuna, necesitamos un sistema de acceso que no seleccione a quienes puedan pagar una buena educación primaria y secundaria, sino que permita el acceso de los buenos estudiantes provenientes de todos los sectores sociales. Por eso un nuevo sistema de acceso debe medir capacidades, dedicación y colaboración entre pares. Sobre este importante tema puedes ver más detalles en nuestra página web.
El Consejo de Escuela es la instancia encargada de poner en práctica las políticas de desarrollo de la docencia en la Escuela y de implementar medidas que conduzcan al bienestar de los estudiantes.
Al respecto debemos resolver.
Tantas pruebas que no se puede estudiar ni aprender
Necesitamos reformar nuestro sistema de evaluaciones, porque el actual, sobreabundante e irracional, en vez de producir un aprendizaje significativo, nos entrena en el arte de calentar materia, sin permitirnos participar de otras actividades que forman parte de la vida universitaria.
Profesores que no merecen a sus alumnos
Si queremos formar profesionales y académicos que sean un verdadero aporte al país en todas las áreas del Derecho, necesitamos profesores dedicados a los debates actuales y a dar respuestas a los problemas de las grandes mayorías. Ningún profesor debiese trabajar en nuestra Facultad si no es por sus capacidades y su compromiso con la Universidad. Por eso necesitamos buscar constantemente el correcto funcionamiento de las Comisiones de Evaluación y Calificación y que nunca más la herramienta de los profesores invitados sea utilizada indiscriminadamente para evadir la reglamentación sobre concursos y elecciones en nuestra Facultad.
Examen de grado obsoleto
Necesitamos revisar el actual examen de grado oral, absolutamente contradictorio con el sistema de evaluaciones escrito desarrollado durante toda la carrera, para implementar un sistema de egreso que en vez de medir la capacidad enciclopédica para memorizar contenidos, mida la capacidad de aplicar en problemas concretos la formación recibida durante cinco años.
¿Excelentistas? Nuestro afán por mejorar la situación académica en nuestra Universidad, no responde a un deseo de querer ser los mejores profesionales para competir mejor cuando salgamos de aquí a buscar pega, es decir, no es por la búsqueda de una retribución individual; sino porque creemos que el carácter de “excelencia” es la condición de posibilidad de que el compromiso con el país logre materializarse en políticas concretas, mientras le otorgue a la creación universitaria competitividad para enfrentar el debate de lo público: es tiempo de un acercamiento riguroso a las problemáticas sociales desde una perspectiva jurídica, donde las ideas y soluciones que aquí se piensen se hagan con la comunidad como protagonista y no suplantándola.
Javiera Toro - CONSEJERA DE ESCUELA
Santiago García - REPRESENTANTE TRANSVERSAL
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